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miércoles, 12 de junio de 2013

Recordando al Mena

Alejandro Mena. Foto de Oscar Castro
José Luis Jara

Don Fernando Romero me advirtió desde temprano. ¡Aguas con el Mena! Fue en 1991. Acababa de iniciar el verano y la campaña de Manlio Fabio Beltrones por la gubernatura de Sonora ya estaba agendada para el siguiente día. El candidato del PRI había decidido iniciar su campaña en San Luis Río colorado y hacía allá íibamos a ir como enviados de Diario del Yaqui.
Don Fernando era el responsable de la corresponsalía del Diario en Hermosillo. Era viejo lobo de mar en el diarismo sonorense, era el hombre de las mil anécdotas y chistes. No repitió uno de sus comentarios ninguno de sus chistes, todos fueron diferentes.
Aguas con el Mena, me dijo don Fernando. ¿Por qué don Fernando? Cuente que le hizo, le respondí al jefe del periódico. Alejandro Mena, fotógrafo del diario en ciudad Obregón había anunciado que llegaría de Cajeme ese día. De hecho se le esperaba y don Fernando fue el encargado de prepararle la bienvenida. Don Fernando entró a su oficina, se quedó un rato y al volver insistió Aguas con el Mena, Jara. No le quites el ojo,
La secretaria del periódico se quedaba con la mirada perdida. No alcanzaba a entender los albures que se aventaba don Fernando con el caso del Mena. No lo conocía personalmente. Sólo a las fotos que le publicaba les había echado el ojo.
En eso llegó uin cuate mechudo, metido en un pantalón de mezclilla y una camiseta. En cuanto lo vio, don Fernando acudió solicito a la puerta. Le abrió, le extendió la mano para saludarlo y como si tuviera resortes en las piernas se puso contra la pared.
-Señor Mena, buenas tardes.
Sorprendido el Mena respondió:
-Buenas tardes don Fernando.
-Te presentó a José Luis Jara, nuestro reportero.
-Mucho gusto, le dije.
-Mucho gusto, respondió.
Don Fernando extendió la mano en dirección a su oficina. Pásenle nos dijo. Y en su juego, don Fernando parecía cangrejo, se fue caminando de lado, sin despegar la espalda de la pared.
-Aguas Jara, Aguas con el Mena.
Recién había entrado al Diario del Yaqui. Fue en un año electoral y por acuerdos que tuvieron en el periódico, don Fernando se encargó de cubrir la zona norte de la campaña de Manlio Fabio Beltrones. Los reporteros de Cajeme, donde se encuentra la matriz del diario, se encargarían de la parte sur del estado. Pero el que se iba a aventar toda la campaña, era el fotógrafo, es decir, el ya afamado Mena.
Pienso que la base para ganarme la confianza de don Fernando fue el trabajo. Y don Fernando me designó para cubrirle al diario la campaña de Beltrones, en la parte norte de Sonora. Ya habían advertido que vendrían muchos vuelos en aviones, horas y horas de caminos por la sierra, por terraceria, por todos lados, pues la intención del candidato, fue visitar todo el estado y en varias ocasiones.
Don Fernando me había dicho que Alejandro Mena sería mi fotógrafo. Se me hizo raro que me dijera que el Mena sería mi fotógrafo, porque de por sí, me hacía bolas con la pluma, la libreta y las máquinas de escribir Olivetti, de esas máquinas mecánicas a las que había que dar, literalmente, de chingadazos a las teclas para que se marcara bien el texto en las hojas, pues se iban a enviar por fax.
Pero bueno, esa recomendación me la hizo don Fernando. Le dije está bueno, pero en mis adentros pensé la neta que ahí veremos.
Y antes de toda esa voladera de aviones, que efectivamente las hubo, y todas esos recorridos por desierto, valle y sierra, es decir, antes que todo, el primer evento fue la llegada del candidato a Hermosillo. Al viejo estilo del PRI, ese sólo evento de la agenda del abanderado priista, fue para desbordar recursos y acarreos, para recibir a Beltrones que llegaba de la ciudad de México. Don Rodolfo Félix, aún gobernador del estado, a punto estuvo de ser arrollado por la gente en la pista del aeropuerto. A los priistas les valió madres las reglas de seguridad de las estaciones aereaz. Se metieron hasta la pista, cargando pancartas. Muchas caras, mucho movimiento, mucho de todo en este acto político.
Y desde ahí, la mera verdad, incumplí con la recomendación de don Fernando. Aguas Jara, aguas con el Mena. No lo pierdas de vista, me había dico. Pero en realidad, el Mena ya se me había perdido. En la bola, sin soltar libreta y pluma, trataba de retomar los hechos. Caminaba, corría, apuntaba, cuando de repente, don Rodolfo se agarró de mi brazo. Manlio Fabio se estaba bajando del avión cuando la gente se le fue encima, vitoreándolo, gritando porras. Los sectores del PRI Sonora se esmeraron por llevar a sus militantes. Y don Rodolfo Félix, que gozaba del cargo de gobernador del estado, estaba siendo atropellado por la gente que quería saludar al candidato. Viva el rey, a la chingada el rey. Pero el caso es que don Rodolfo se me colgó del brazó. Lo que hice fue sacarlo de la bola, ya era un rey que iniciaba el rito de su muerte.
El Mena ya se me había perdido. Mientras acompañaba al rey a la orilla de su ocaso, el fotógrafo del diario de marras, ya estaba frente al candidato. Frente al nuevo rey, con la cámara Cannon disparando y flachando como el arma preferida de un excelente cazador.
Alejandro se puso un paliacate rojo en la cabeza, para detener el sudor y tener limpios los ojos en la mira de la cámara pentax.
Ahí supe con el Mena que en lugar de que el fuera mi fotógrafo, yo fui su reportero.
Cuando regresamos al diario, nos esperaba don Fernando. Iba listo a escribir la crónica. Y antes de empezar los teclazos le dije al jefe del periódico: Aguas con el Mena don Fernando, Aguas.

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